Cuentos
Clásicos

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La bella durmiente del bosque
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Caperucita Roja
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Blancanieves
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Cenicienta
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El patito feo
La bella durmiente del bosque
Nunca.
Nunca se había dado una fiesta tan hermosa. Todas las hadas del reino habían
sido invitadas para festejar el nacimiento de la princesita y cada una le había
llevado su regalo. Una le había regalado belleza; otra, bondad; otra, inteligencia;
otra, felicidad.
De pronto, enojadísima porque se habían olvidado
de invitarla, apareció el hada Gris y dijo:
- ¡Cuando la princesita
cumpla quince años se pinchará el dedo con un huso y morirá!
Sólo el hada Melusina, que no había hablado todavía, podía
cambiar estas palabras.
- Se quedará dormida -dijo-, pero no morirá.
- ¡Que se quemen todos los husos del reino! -ordenó el rey.
Y
se quedó tranquilo.
Pasó el tiempo, y la princesita cumplió
quince años.
Ese día, mientras todos preparaban la fiesta,
la princesita subió a la torre del castillo. ¡Ay! Allí estaba
el único huso que se habían olvidado de quemar.
La princesa
se pinchó el dedo y se quedó dormida, y junto con ella quedó
dormido todo el castillo.
Ya hacía cien años que estaba así
cuando, un día, llegó un hermoso príncipe encantado.
- Es un castillo encantado. No entres -le dijeron todos.
Pero el príncipe
entró y besó a la princesita. Y su beso la despertó. Entonces
todo el castillo se despertó con ella, y la fiesta que estaban preparando
cuando todos se quedaron dormidos se realizó para festejar la boda del
príncipe y la princesita.
Caperucita Roja
Caperucita
Roja vivía con su mamá en un pueblito de leñadores. Un día
que fue a visitar a su abuela, se encontró en el bosque con el lobo.
- Si te encuentras con el lobo -le había dicho su mamá- no le digas
adónde vas y vuélvete a casa.
Pero Caperucita se olvidó
y le contó al lobo que iba a visitar a su abuelita.
Entonces el lobo
corrió a casa de la abuela y se la comió. Después, se disfrazó
de abuelita y se metió en la cama.
Cuando Caperucita llegó,
se encontró con una abuelita muy rara.
- ¡Abuelita, qué
ojos tan grandes tienes! -exclamó.
- ¡Para mirarte mejor! -respondió
el lobo disfrazado.
- ¡Abuelita, qué boca tan grande tienes!
- ¡Para comerte mejor! -contestó el lobo.
Y se la comió.
Por suerte, un leñador que entró a visitar a la abuela y vio al
lobo comprendió todo lo que había sucedido. Y después de
abrirle la barriga al lobo, sacó de allí a Caperucita y a su abuela.
Las sacó enteritas, porque así es como el lobo se las había
tragado.
Y mientras abrazaba a su abuela, Caperucita pensó: "Será
mejor que otra vez no me olvide de lo que me dice mamá".
Blancanieves
Había
una vez una reina que tenía un espejito mágico, un espejito que
contestaba cualquier pregunta.
Pero la reina hacía una sola pregunta,
que era:
- ¿No soy acaso la más hermosa del reino?
Y el
espejito contestaba:
- No, la princesa Blancanieves es más hermosa.
- Quiero ser la más hermosa -dijo la reina.
Y mandó a Blancanieves
al bosque para que se perdiera.
Pero Blancanieves no se perdió, porque
tuvo la suerte de encontrar a los siete enanitos. Y con ellos vivía muy
feliz.
Hasta que, un día, la reina supo que la princesita no se había
perdido. Entonces fue a visitarla disfrazada y le convidó una manzana que
estaba envenenada.
Cuando los enanitos llegaron y encontraron a Blancanieves
tendida en el suelo, creyeron que estaba muerta, y la pusieron en una caja de
cristal para llevarla al bosque.
¡Pobres enanitos! Estaban tan tristes
que no vieron que un hermoso príncipe los seguía. Hasta que el príncipe
se acercó y les pidió permiso para acercarse a Blancanieves.
¡Cuando la abrazó, ocurrió algo que nadie esperaba! Ocurrió
que Blancanieves, que sólo estaba desmayada, despertó de su desmayo.
Y al ver al príncipe se enamoró al instante de él. Como el
príncipe también estaba enamorado, se casaron y vivieron felices
por siempre.
Cenicienta
La
vida de Cenicienta era muy triste. Siempre limpiando y fregando la cocina. Siempre
viviendo entre cenizas.
Esa noche, sus tres hermanastras se habían
ido al baile del palacio.
"¡Cómo me gustaría bailar
con el príncipe!", pensó Cenicienta.
Entonces apareció
un hada y dijo:
- Bailarás. Pero tendrás que volver con la última
campanada de las doce.
Apenas lo dijo, Cenicienta se encontró vestida
como una princesa y viajando en una hermosa carroza.
En el baile, Cenicienta
bailó toda la noche con el príncipe. Hasta que sonaron las doce
y tuvo que partir tan de prisa que, al bajar las escaleras, perdió uno
de sus zapatos.
- Con este zapato la encontraré -dijo el príncipe-.
Quiero casarme con ella.
Pero como el zapato era muy chiquito, los servidores
del príncipe recorrieron el reino sin poder encontrar a su dueña.
Cuando llegaron a la casa de Cenicienta, las tres hermanastras hicieron lo imposible
para calzar el zapato. Pero no pudieron, y tuvieron que llamar a Cenicienta.
¡Qué cara pusieron, al ver que ella era la dueña del zapatito!
Una cara más agria que el limón.
Pero el príncipe puso
una cara más dulce que la miel y, al día siguiente, se casó
con Cenicienta.
El patito feo
Todos
los patitos habían salido ya del huevo. Todos menos uno.
¡Por
fin, salió! ¡Qué grande y qué feo era! No parecía
un patito. Y todos se burlaron tanto de él que Patito Feo, cansado de sufrir,
decidió salir a recorrer el mundo.
- ¡Vete, eres muy feo! -le
dijeron los patos silvestres cuando pasó nadando por el pantano.
-
¡Vete, eres muy feo! -le dijeron las ocas cuando pasó nadando por
el cañaveral.
Patito Feo siguió su viaje.
Un día,
después de mucho tiempo, llegó a un jardín en el que había
tres hermosos cisnes.
- ¡Ah, si fuera como ellos! -suspiró. Y
decidió acercarse porque estaba demasiado triste para seguir viviendo solito.
Entonces, mientras nadaba, vio su imagen reflejada en el lago. ¡Y su imagen
era la de un cisne! ¿Cómo había ocurrido eso?
Era seguro
que una mamá cisne había puesto, por error, su huevo en el nido
de mamá Pata. Sí, era por eso que tardó tanto en salir del
cascarón; era por eso que no parecía un patito; era por eso que
había sido un Patito Feo.
- Quédate con nosotros -dijeron los
cisnes.
Sí, podía quedarse. Ahora ya no era un patito feo:
era un cisne, la más hermosa de las aves.